Aquí les dejo unas letras roncadas, para seres bonitos que sueñan despiertos… Solo conocí a Saru una vez, pero hay veces que pasan estas cosas incoherentes…

El perro que roncaba despierta

Sí. La incoherencia se ve hasta el título. Es extraño roncar despierto. Hasta la coherencia entre nombre y adjetivo llama la atención. Es raro que un perro tenga la extraña habilidad de roncar.

Puede ser irracional pensar que un ser vivo pueda desarrollar durante sus ratos de vigilia un gesto destinado a aquellos que sueñan. Pero es que hay seres extraños que surgen cada cierto tiempo, y generan situaciones extrañas.

Hay seres que duermen con un ojo abierto y el otro cerrado, para comprobar si su ser querido sigue cerca, guardándole el sueño. Hay seres para los que la felicidad es rebozarse en la arena tras dar un trago de agua de mar, ver a Sara agacharse porque eso es que hay juerga, subirse a los riscos de La Pedriza o simplemente tener un palo que morder y pasear.

Hay seres que son considerados mascotas o incluso objetos por parte de la gente. Pero, como dice Fito, hay muy pocas personas, demasiada gente. Y la gente es una masa informe, y la masa no entiende. Solo personas con una sensibilidad especial tienen la capacidad de descubrir entre entes refugiados por la miseria humana a un ser excepcional que se convertiría en compañera durante el resto de la vida. De la suya, porque injustamente hay compañeros de vida que no duran lo que deberían, es decir, toda tu vida. Y esos seres, los que se te hacen imprescindibles de por vida, son los que llamamos seres queridos.

También es curioso que una raza destinada a la caza, descuidando su tendencia genética, se asentase en un pueblo del sur de Madrid y pasara de ser perdiguera a ser perra faldera.

No te equivoques. Un perro puede ser faldera, y no por ello ser empalagosa. Dicen que los perros se parecen a sus dueños. Por eso a lo mejor Saru suena a arisca o a borde. En eso se puede quedar quien sólo ve la superficie.

Pero quien se preocupó de conocerla, descubre bajo una capa marrón moteada de piel áspera un calor interno que rebosa fuego y pasión, como un niño que corretea, se divierte y disfruta cada vez que sale al parque. Como un ser que juega a hacer la croqueta en la arena, que se tumba al sol como quien se recarga de energía, que come y abraza con ansia y mira extrañado cuando haces cosas que no te gusta hacer, dejando de hacer lo que te hace feliz, y quién en su sano juicio se niega a disfrutar de los placeres que te hacen feliz.

Empezaría a decir cosas sin sentido, pero este cuento solo cabe en la incoherencia de los coherentes, en los que pueden llorar al sentir dentro las injusticias y en los que piensan que une más el vínculo que la sangre, o incluso quien siente amor donde la gente solo ve «un animal».

Por eso hay que sonreír ante la tristeza, por eso se puede sentir un vínculo tan fuerte por un ser a quien algunos solo dotan de propiedad y cualidad de objeto, cuando otros lo sienten parte de sí mismos… y por eso se hace posible que un perro ronque despierta, o que se la note tan dentro y tan presente cuando algunos incoherentes piensan que ya se ha ido.