por dany | Nov 25, 2018 | Cuentos
Hoy es el día dedicado a la lucha por la eliminación de las violencias machistas. Para mí ese día debería ser cada día… Pero sirva esto como homenaje a todas esas Pedazo de Mujeres que conozco y para las que, aun sin conocerlas, luchan cada día contra esa lacra…
Pedazos
Era una mujer hecha pedazos. Las pérdidas, las parejas y la vida en general fueron arrancando fragmentos de sí misma hasta descomponerla en un puzzle de lágrimas y dolor. Paradójicamente, la gente le exigía rehacer ese rompecabezas para demostrar la entereza que no tenía.
Intentó resolver el puzzle a varias manos. Buscó apoyo y consuelo en quienes se ofrecieron a recomponerla. Sintió varias veces que reformaban su estructura, modelaban sus partes y reformulaban su cuerpo y su alma. Se sintió obligada a encajar en moldes que limaban sus aristas, exacerbaban sus curvas y rebajaban sus fisuras.
Una y otra vez deformó sus ilusiones por acoplarse a lo que el novio de turno, el mundo en general o las expectativas de allegados o alejados le marcaban. Y una y otra vez sintió resquebrajarse su voluntad y su forma, desmenuzándose de nuevo hasta derrumbarse como una escultura estampada contra la realidad. Es difícil encajar en marcos rígidos cuando la vida y la sangre se derraman por los bordes.
Tras tantas rupturas, fragmentada una y otra vez su silueta y su esperanza, decidió recoger sus trozos y ajustarse al único patrón que nunca había seguido: Sus propias ideas para formarse su opinión, y sus propias manos para acariciar las grietas que dejaban sus piezas. Empezó a elegir por sí misma quiénes ayudaban a formar su puzle, sugiriendo opciones en vez de imponiendo encajes. Tomó por costumbre mantener su forma aún a costa de no encajar en los estándares de belleza, asumiendo que su libertad desbordaba los cuadros y los pedestales para su exhibición, y se expuso desafiante al mundo como una pieza inacabada con resquicios, cortes y fisuras…
Y de esa amalgama de pedazos surgió, por fin y para siempre, un precioso y único Pedazo de Mujer.
En Toledo, a 25 de noviembre de 2018.
por dany | Nov 7, 2018 | Versos
Aunque
Aunque sea por compromiso
la sonrisa de la camarera.
Aunque sus ojos verdes
me miren sin mirar de veras.
Aunque todas las huidas
no sean suficientes para olvidarlo.
Aunque mil baños en la playa
no me limpien los recuerdos.
Aunque sea martes
y se me hagan largas las tardes.
Aunque me pase los días
viendo barcos, y no me embarque.
Aunque ya no lo sepa
Y me olvide de nada.
Aunque ya no me sirva
y me diga que no valga.
Aunque me lo niegue a veces
y me lo afirme bajito.
Aunque se me haya roto el molde
y no sepa reconstruirlo.
Aunque Quique González
me reprima los olvidos.
Aunque Ismael Serrano
me destroce mis mitos.
Aunque Almería se seque
y acabe deshidratado.
Aunque el Cabo me queme
y salga de Gata escaldado.
Aunque me duela la vida
y repiquen en la playa las rocas…
Aún quedan letras que escuecen
aunque me tomen por loca.

Escrito en julio de 2018, en Carboneras, Almería
Aunque tengan unos meses, hoy era el momento de publicar estos versos… Felicidades, Ana
por dany | Nov 3, 2018 | Cuentos
Tostada
Lleva bastante tiempo tomando tostadas para desayunar. Se lo aconsejó una dietista para darle solución a su agobio con no sé qué sobrepeso. Ella siempre quiso perder lo que consideraba que eran kilos de más. Yo seguía encantado de disfrutar cada una de sus curvas.
Desde entonces desayuna tostadas. Suele embadurnarlas con algo de queso y mermelada. Lo hace de forma suave, como acariciando el pan. Por la forma en que esparce los ingredientes sobre la rebanada dorada parecería casi que va a exponer su obra una vez terminada, en vez de comérsela. Suelo ponerme nervioso por la calma con la que hace las cosas. Pero verla expandir el blanco del queso y superponer encima la confitura me transmite paz.
Admiro su dulzura hasta para la preparación del desayuno. Utiliza la misma ternura al extender la mermelada que para deslizar sus dedos sobre mi piel en los días fríos. Y la sensación de cariño y de escalofrío a la vez se entremezcla tanto entre las sábanas como entre las volutas de miga del pan.
Yo suelo realizar el mismo proceso, pero desde la premura y la violencia. Acuchillo el pan con la cucharilla, pretendiendo impregnar lo antes posible los poros del panecillo. Relleno los huecos, termino la preparación cuanto antes, devoro con ansia las tostadas y engullo el café con rapidez. Ella me mira, entre somnolienta y curiosa, mientras ensarto con mi arma redondeada al pobre chusco que suele ser machacado y rellenado antes de hacerlo desaparecer con mi hambre ansiosa.
Siempre la meto prisa para que acabe de desayunar, pero ella no cede en sus pretensiones. Desayuna tranquila y vive sosegada. Solo ella decide qué cala hondo en su ser. Mi estrés y mis prisas se quedan en su superficie y le resbalan como resbala la mermelada en su pan. A veces la descubro llorando por una flor muerta o por los colores de un atardecer. Y sin embargo, mi ira y mi ansiedad no le provocan el más mínimo efecto. Igual que al rellenar mis tostadas, me gustaría calar hondo y deprisa en sus pensamientos, en sus entrañas y en sus vergüenzas. Pero no consigo impregnarme en ella tan pronto y tan profundo. Al fin y al cabo, solo estamos en el desayuno.
La delicadeza en sus formas y la suavidad en su actitud me condena a veces a la desesperación. En varias ocasiones la he puesto en duda, comparando su piel dorada y su mente calmada con su desayuno, “no sé quién está más tostada”. Invariablemente, ante esta invitación a la lucha, ella me mira con cuidado, termina de masticar y ejecuta la sentencia con la que se acaba la discusión: “mejor tostada que quemada”.