Café amargo

Café amargo

Café amargo

Tomando un café antes de salir camino del trabajo, los ritmos y los sonidos entrechocan en la cabeza, ejerciendo de acicates para el recuerdo. El crepitar del café bullendo en la cafetera impregna de vapor la cocina y te humedece la piel y la memoria.

El gorgoteo del agua ennegrecido cayendo a borbotones sobre la taza te recuerda las lagunas de negrura donde nadaste una noche de oscuridad y ocupación de propiedad privada en las madrugadas calurosas de verano. Choca la emoción de esas noches con la plácida monotonía que acompaña al desayuno matinal, somnoliento aún, a la espera de que la cafeína estimule tu vitalidad y aplaque el cansancio.

Al probar el café, el primer regusto amargo no te espanta como antes. Te extraña que la amargura espesa de la taza ya no sea tan difícil de tragar. Contrasta la dificultad para endulzar el brebaje, cuando en otros momentos el dulzor del azúcar y el de la vida se agradecían y paladeaban con facilidad. “Va a resultar que saboreo mejor las amarguras que las dulzuras”, piensas. El tintineo de la cucharilla te hace recordar los desayunos de la infancia, donde el chocolate y las galletas llenaban tus inicios de energía, y tu paladar de ánimo. Al volver al presente deduces que por mucho edulcorante que añadas, los recuerdos y el café saben mejor sin aditivos.

Lees el periódico con poco entusiasmo, dispuesto a no creerte mucho de lo que cuenta. ¡Qué fácil les resulta exagerar a los signos de exclamación! ¡Cómo les gusta ironizar a las “comillas”! ¡Cómo tergiversan los signos de puntuación! El recuerdo de los cuentos de verano se mezcla con esas letras, resonando en tu cerebro los tebeos, las novelas juveniles, las primeras aventuras en letras, que te envolvían y te llevaban a mundos irreales y deliciosos… Con tanta evocación, no encaja tu sonrisa ante las atrocidades que escupen los diarios, así que recompones el rostro, a tu pesar.

Fregando la taza del desayuno encuentras posos de café y restos de miga de galletas en el fondo del cuenco. También en el fondo, la memoria enlaza el momento con los grumos de recuerdos que se dispersan en tu mente, cuando en vez de camino del trabajo, te lanzabas a la vida infantil del colegio y el estudio con la ilusión de quien descubre algo nuevo, una nueva mañana radiante y esperanzadora. Eso sí que es difícil de conseguir ahora, y te preguntas si era el café o es tu ánimo el que está amargo.

Publicado en web el martes, 29 de octubre de 2013.
Publicado en «Entre Cuentos y Versos» (2017).