Desde pequeño he tenido un respeto reverencial a la gente que habla bien hablando mal. Los poetas de lo grosero y de lo inmundo me han revuelto tanto o más que los poetas de métrica pulcra, ritmo fluido y verbo florido. Poetas de servilleta, de bragueta y revolcón, que diría el Kutxi Romero.

Mis amigos, también desde bien pequeño, me insuflaron en vena el veneno de las voces rotas y los sonidos rajados de grupos que gritaban de inconformismo, que despotricaban contra sistemas caducos y que alzaban la voz a grito pelao quejándose y proponiendo una mirada crítica, aguda y sin medias tintas, haciendo poesía desde las tripas y creando belleza del barro.

Y ahí estabas tú. desde los 14 o 15 años, cuando el Irra me taladraba con el «¿Dónde están mis amigos?» y la Pedrá; cuando el Patu me escribía versos de «Jesucristo García» y en el Kerflin Fernando se hartaba Deltóya; desde que el Stu decía que el Agila bien, pero ya reblandea, hasta que el Luise defendiera que Salir, Puta y Golfa también molaban; desde huir siempre que podía por la Vereda de la Puerta de Atrás hasta quedarme mirando una estrella, siempre en estado de espera; desde envidiar las letras que me acompañaban a un viaje íntimo a la locura, hasta asomarme al fondo del abismo; desde basarme en la ley innata buscando mi destino, viviendo en diferido, sin ver, ni oír, ni dar; desde que regalé mi alma imperecedera, a dejar la ventana abierta por Si te vas, no te entretengas; desde el viaje hasta Gex escuchando y reescuchandote durante 18 horas con Alberto, hasta cada viaje a Talavera, Madrid, Alcázar, Granada o Almería midiéndolo en discos que poder repetir; desde despertar a base de mierdas de filosofía, a preguntarme hasta sangrar por qué la Mayéutica me acompañó hasta el infierno y se quedó allí, conmigo, poniéndome a parir; desde asumir que no queda nada que perder, porque antes o después se nos lleva el aire… Ojalá el viento sople a mi favor y me empuje, me eleve y me lleve y me lleve…

Has formado parte de mi vida y, como diría aquel en tono cursi, le has puesto banda sonora. Me has hecho gritar hasta quedarme ronco, has revuelto las entrañas y sacado mierda en forma de verso o de reflexión profunda, y hasta has desvelado un hilo de ternura debajo de esa voz rasgada y ese supuesto rock malsonante y garajero con el gorgojeo del violín y la nana del clarinete susurrándome un suspiro acompasado en el pozo en el que me has acompañado tantas veces.

Solo espero que disfrutaras todo lo posible y que no hayas sufrido mucho (algo es inevitable, por lo visto). Que los que te rodearon y te quisieron bien estén lo mejor posible y que les consuele un poco el inmenso cariño y respeto que te ha tenido y muestra ahora la gente. Los que te disfrutamos y te llevamos dentro te recordaremos… Hasta siempre, Robe.

Y eso, espero que te haya dado tiempo a decir, por última vez, Iros todos a tomar por culo.Hasta siempre, Robe