Imprescindible
Llevo desde que empezó todo esto sin escribir… Solo hago lo que considero imprescindible… Y esto lo es.
Imprescindible
Miro desde la terraza y tiemblo, y no sé si es de frío o de emoción.
Algunos días, en los que estoy más sensible, me sube la congoja a la garganta al ver a la gente aplaudiendo, en un gesto tan ligero como importante. Apenas unas migajas de agradecimiento para quienes se han mostrado como imprescindibles en esta pesadilla.
Pero es de noche, y estoy solo. Apenas algún vecino paseando al perro, volviendo de trabajar o tirando la basura. En mi barrio se está mostrando mucha responsabilidad. El escalofrío también se me antoja imprescindible ahora mismo.
Pienso en los días en los que preferiría dejar de sentir. Cuando la tristeza, la soledad o la angustia me acucian, me gustaría poder instaurar un confinamiento también para mis emociones. Cumplir con mis obligaciones diarias, con las rutinas autoimpuestas, y desconectarme para el resto como un «modo avión» que no permitiera vaivenes ni turbulencias duras de digerir.
Para mi suerte o mi desgracia, no cuento con esa habilidad. Entre mis imprescindibles están el contacto humano, la empatía y el sufrimiento por el dolor ajeno. Me remueve tanto el dolor de otros como el mío propio, a veces incluso más. El estar solo estos días me hace sentir, más aún si cabe, esa necesidad social.
Por eso, mientras me encojo y me envuelvo en el escaso abrigo que tengo, me intento convencer de que, aún con el dolor y la desgracia que nos envuelve, de esto al menos sacaré la certeza de lo imprescindible. Ya llevo tiempo seleccionando esas pocas prendas en mi cabeza y en mi «almario», una idea genial que me dio una de esas psicólogas que me ayudan a no volverme loco del todo.
Igual que en mi armario solo encuentro unas pocas prendas que me cubren del frío externo haciéndome sentir a gusto entre ellas, voy sabiendo lo imprescindible que tengo en mi almario: No guardarme besos, no dejar que se me apolillen los abrazos y no esconder al fondo los «te quiero».
Me meto en casa sugiriéndome lo obvio, estoy helado. Supongo que es de perogrullo, como es triste que haya tenido que venir este desastre para tomar conciencia. Pero ahora, además de esos esenciales de batas verdes, de los demás imprescindibles que nos ayudan a sobrevivir, y por los que tiemblo algunos días a las ocho… Además, digo, acepto el escalofrío de cada recuerdo, la congoja de cada nostalgia y cada compromiso moral… El de cada abrazo por dar, el de cada «te quiero» por ofrecer, el de cada emoción por sentir y el de cada ser querido por querer.
Eso ya, para mí, es imprescindible.
Mi nombre es Daniel López y soy el autor de Letropilatorio. Aquí encontrarás relatos, cuentos y poemas recogidos en mi blog, así como mis últimos trabajos publicados. ¡Gracias por leerme!