Aquí les dejo unas letras caminantes… Que les gusten
De Camino
Parece un absurdo miedo, ese que te da a que se acabe una canción. Cuando está terminando, miras el listado y buscas el siguiente sonido que quieres escuchar, porque te da miedo que después llegue otro que no te guste tanto. Así que eliges otra melodía que se superpone a la anterior, para concatenar canciones que te apetece disfrutar.
Eso te pasa con múltiples cosas en la vida. Siempre que estás disfrutando de algo, te sientes ansioso por aprovecharlo, y temeroso de que acabe. Eso te hace andar como si tuvieras prisa, vivir las cosas previendo las que vendrán después y asustarte cuando están terminando o cuando crees que se acerca el temido final.
Tus seres queridos insisten en que no te centres tanto en el final y disfrutes del desarrollo de las cosas. Los amigos te animan a disfrutar de los momentos de seducción con las chicas en vez de asumirlo como un camino a un «no» seguro; del proceso de preparación de los planes y las vacaciones en vez de ansiar que se cumplan; y del boom del momento de fiesta, evento o situación que estés viviendo en ese instante sin preocuparte tanto por lo que viene después.
Dicen que en el Camino de Santiago cada uno encuentra lo que busca. Así que te propones arrancar las etapas con fuerza en busca de no sabes qué y, aunque en ocasiones intentas amoldar el ritmo al de tus compañeros, te sorprendes a ti mismo andando con rapidez, quedándote a solas con tus pensamientos. Sobre todo en las cuestas, subes a buen ritmo hasta notar los músculos tensos, el sudor goteando y tu respiración sonora y entrecortada. Te gusta apretar el paso en las subidas hasta quedarte sin resuello. Mientras tanto, sueles darle vueltas a los mismos temas, buscando entenderlos y entenderte y aprovechando la soledad para organizar tus ideas. Incluso entre amigos y en un entorno precioso, puedes reconcentrarte en ti mismo y en tus pensamientos recurrentes. Escuchas tu hilo mental como escuchas música, pasando temas como pasas las canciones que van acabando, por miedo a quedarte encajado en el final.
Es curioso cómo el camino te va ofreciendo metáforas de tus pensamientos. En alguna subida se te ve disfrutar entre regalos que las vacas dejan en el sendero, creando fundadas sospechas de que te manejas mejor cuesta arriba y entre mierdas. Además, tu lado iconoclasta te hace realizar paradas escasas, simples tomas de aliento o miradas furtivas para alucinar con paisajes de verdor exuberante, alguna construcción de piedra a quien algunos atribuyen misticismo y, en general, a darte algún alivio en tu carrera hacia el final.
En esos momentos, te ves embargado al levantar la vista de tus propias pisadas y verte, de repente, atravesando un túnel de vegetación, envuelto por la bruma o paseando sobre un mar de nubes. Incluso, por ponerle un punto de esperanza a tu tendencia al ermitañismo, cambias la necesidad brusca de buscar soledad con el ceño fruncido por fomentar el saludo y la compañía. Hasta en momentos de extremo sufrimiento y ofuscación, te ves siempre buscando otro sendero, otra flecha, otro paso y otro indicador que te muestre la ruta a seguir. Es fácil encontrar en el camino líneas paralelas con la vida en general.
Por fin, cuando llega el ansiado y a la vez temido final, te encuentras con la sensación del deber cumplido, la emoción y la nostalgia de lo dejado atrás, por mucho sufrimiento que hayas tenido, y la alegría de haber vivido y compartido esos momentos de descanso en el ajetreado camino. Sientes un nudo en el estómago y esbozas una sonrisa de medio lado que equivale a las lágrimas de emoción de tus compañeros de viaje. Aunque tú no has sido nunca muy de llorar, te acuerdas de los que están contigo, ya sea a tu lado o en la distancia, y de los que llevas dentro, y ese nudo te abrillanta los ojos y te alarga la sonrisa a los dos lados.
Al final, solo te queda intentar que los malos momentos queden pronto atrás, intentar no buscar con tanta ansia el final, celebrar los logros conseguidos, no saltar tan rápido de tema… y disfrutar, como deseas a quienes te cruzas, de un «Buen Camino».
Mi nombre es Daniel López y soy el autor de Letropilatorio. Aquí encontrarás relatos, cuentos y poemas recogidos en mi blog, así como mis últimos trabajos publicados. ¡Gracias por leerme!