por dany | Jun 5, 2019 | Versos
Hoy es el cumpleaños de la poesía. Un 5 de junio nació Federico García Lorca. Siempre digo que mi poeta preferido es Benedetti, que envidio a Neruda, que me gustaría ser Bukowski y que Miguel Hernández me hizo creer que la poesía es para el pueblo… pero Lorca es El Poeta, con mayúsculas… Brindo por su cumpleaños con sus propios versos…
Si muero,
dejad el balcón abierto.
En la luna negra,
sangraba el costado
de Sierra Morena.
Tenía la noche una hendidura
y quietas salamandras de marfil.
Mi sombra va silenciosa
por el agua de la acequia.
Las rosas huían por los filos
de las últimas curvas del aire.
Se mueren de amor los ramos.
Más vale sollozar afilando la navaja.
Yo quiero que me enseñen un llanto como un río.
Hay un panorama de ojos abiertos.
Es un silencio ondulado.
Dile a la luna que venga,
que mi recuerdo se quema.
Duerme por el alba, ¡duerme!
Me arrepiento
de haberte querido tanto.
No te conoce tu recuerdo mudo
porque te has muerto para siempre.
Cuando yo me muera,
enterradme con mi guitarra
bajo la arena.
La guitarra
hace llorar a los sueños.
La Tarara, sí,
La Tarara, no
la Tarara, niña,
que la he visto yo.
El niño la mira mira.
El niño la está mirando.
Si tú vinieras a verme
por los senderos del aire.
Pero ninguno se detenía,
ninguno quería ser nube.
Hoy mi pecho está reseco
como una estrella apagada.
Tu nombre me suena
más lejano que nunca.
Llena pues de palabras mi locura.
Todos los versos son de Lorca. Felicidades, Poeta
por dany | Jun 1, 2019 | Paranoyas
Cuando necesito desconectar de todo y limpiarme por dentro de mierdas acumuladas me voy al sur. Conduzco hasta que la carretera deja de ver tierra en el horizonte, y el mar me saluda con la calma de quien sabía que volverías, como si su pausa te dijera «Otra vez por aquí, ¿no?».
No es mala costumbre huir hasta el mar para lavarse con agua salada las tristezas del alma. Es una forma como otra cualquiera de quemar las penas al sol y cicatrizarlas con sal marina.
Últimamente me he dedicado a engañarme diciendo que estoy mejor solo, que los amores duelen y que es más sano vivir sin estar eternamente colgado de un corazón. Supongo que era el dolor el que hablaba, porque no queda claro si el amor no me compensa, o es que yo no sé compensarlo para que quiera quedarse conmigo.
Por eso evito abrirle la puerta. No por miedo a que entre, sino por terror a dejarle entrar, que devaste todo a su paso, como suele hacer, y que deje vacío y destrucción cuando se vaya, como ha hecho cuando ha aparecido.
Así que, dejándome llevar por la imaginación y la ilusión, he cubierto los huecos que los amores perdidos dejaron con amores platónicos. Aunque no sean reales, los amores platónicos pueden ser muy intensos. Quizá no sean tan plenos, porque no se pueden llegar a materializar. Pero la ilusión que te generan puede ser incluso mayor, por idealizar aquello que no se puede conseguir. Y, al menos, pensé que darían menos quebraderos de alma. O eso creía yo.
Hace poco leí un verso que decía algo así como «si alguien puede hacerte sentir cosas tan increíbles sin siquiera tocarte, es amor del bueno». Y tristemente pensé «si alguien es capaz de dolerte tanto sin haber estado físicamente contigo, ese daño es muy profundo».
Visto que los amores platónicos también son capaces de doler muy hondo, huyo al sur en busca de la cura aprendida. Pero decía alguno de esos odiosos cantantes que «de qué me sirve huir, si de quien pretendo huir, seguirá dentro de mí, y eres tú»…
¿Hasta dónde tengo que llegar? ¿Cuánto tengo que hurgar en mis heridas para que dejen de infectarse y cicatricen?¿Cómo me alejo de mí mismo hasta despegarme de mi propia tristeza? ¿Cómo de profundo tengo que sumergirme en el mar para dejar de soñar con encontrarme a las musas platónicas al salir? ¿Cómo obviar el hecho de que huyo de mi vida para apartarme del dolor, si lo llevo conmigo como una mochila que cargo, cada vez más pesada y llena de insomnio, ardor en las tripas y tristeza en el corazón?
A veces creo que le pido demasiado al mar. Quizá porque, al ser tan inmenso, creo que, por dolorosa que sea mi carga, su grandeza podrá aliviarla. No debería contaminar el mar con mis mierdas, pero espero descubrir, en la soledad y la calma que me brinda, la cura que mi alma y mis entrañas necesitan. No les extrañe si desaparezco unos días. Estoy de puesta a punto en el mar.
por dany | May 21, 2019 | Cuentos
Aquí dejo una historia soñada, o un sueño imaginado… Que les guste
Historia entre dos parpadeos, o La chica de los mil inviernos
Abro los ojos despacio, como si la madrugada pudiera dañarme las pupilas. La habitación está en total oscuridad, y mi cabeza siente, como cada vez que llega el frío, que ella me ocupa el lado vacío de mi cama.
Me la he encontrado en mis sueños más clarividentes desde hace mil inviernos. En cuanto se cuela en mis alucinaciones nocturnas, la noche se aclara y se me ilumina la cara hasta imaginar la duda de si esa felicidad es sueño o realidad. Su rostro, que no consigo recordar despierto, como buena musa que se oculta en mi interior, resplandece en mi duermevela como si fuera la más clara de las visiones que puedo enfocar.
Esta ilusión vuelve a impregnarse en mi colchón con cada amanecer helado. La frescura que me transmite me despierta y me emociona como si me taquicardiara el corazón a través de la almohada. Mis ojos se entornan entre la extrañeza y la añoranza. Sus ojos se clavan como alfileres en mis pupilas. Su boca sonríe hasta paralizar un “¿cómo estás?” en mi garganta. Cuando ya siento helarse mis venas hasta congelarme el sueño, no tengo más remedio que creer que estoy despierto, y que la vuelvo a tener frente a mí. La chica de los mil inviernos ha vuelto a encontrarme.
Tengo miedo a cerrar los ojos, aunque sea un parpadeo. Sé que en menos que surge una duda volverá el verano, olvidaré sus rasgos, y sufriré de nuevo el sopor del calor y el dolor del olvido. Se me acelera el pulso de forma incoherente, pues mi sangre se escarcha y mi rubor palidece. No puedo imaginar cómo ha vuelto. No quiero creer que sea verdad. No puedo soportar que sea de nuevo un sueño.
Es curioso que, cuando los días se alargan, la idea de pensarla se difumina y la luz real apaga las ensoñaciones basadas en su resplandor. El sopor del verano rezumando calor me satura de melatonina, completa mis baterías de sol y me acopia de energía para soportar el frescor de la noche helada. Con cada vuelta a las largas madrugadas vuelven los delirios que despierta mi insomnio, durmiendo sin descansar y asumiendo las tristezas de cada oasis de imaginación.
Ante la certeza de que la vuelvo a tener de nuevo enfrente, miles de pensamientos y emociones se cruzan entre las sábanas. El dolor del adiós, el deseo del reencuentro, la pasión de los días felices, el miedo al rechazo, la excitación de la ilusión… Ya me siento totalmente despierto, en mente y cuerpo, por fin me atrevo a parpadear… Al tiempo que mis ojos se cierran, paso mi mano sobre la parte de la cama en la que imagino que debería estar. Busco acariciar su cuerpo hasta hacerla estremecer, como ella ya ha hecho conmigo… y siento la congelación de la ilusión ante el vacío y el escalofrío al contraste entre mi piel, real y cálida, y ese amago de sueño glacial y abstracto.
Por eso me da miedo parpadear. Esperando que se materialice la ilusión, abro los ojos en dirección hacia el hueco vacío en la cama… No hay luz que más te ciegue, frescura que más te arda y energía que más te vulnere que una musa en tus sueños. Cada vez que vuelve, cualquier temperatura anterior parece soporífera. Por eso es tan adictiva. Por eso reverbera en mi interior cada vez que aparece. Por eso no quiero creerlo, aunque siempre acabo parpadeando y creyendo que la recordaré. Por eso su gélido recuerdo me envuelve hasta agrietarme el alma y la memoria.
Cuando llega el frío siempre está, esperando en mi interior, la búsqueda de la chica de los mil inviernos. Tengo que aprender a distinguir los sueños de la realidad. Debería aprender a renunciar a los deseos que solo puedo soñar. Al fin y al cabo, solo es una historia entre dos parpadeos.
por dany | May 13, 2019 | Versos
Versos de testamento… Que les gusten
Cuando muera
Cuando muera no quiero
tumbas ni fuego.
Quiero que me planten
con una semilla de un árbol
que crezca de mí,
y como yo, lento,
de ramas enrevesadas
y corteza dura,
pero con savia dulce
y tierno por dentro.
Quiero que suene
el "Piper to the end" de Knopfler,
el "Blowin in the wind" de Dylan
Y el "Se acabó" de Leño.
Me apetece estar, más que nada
por la banda sonora, si lo pienso.
Y que mi familia llore y me recuerde.
Y que mis colegas sonrían y maldigan
"Qué cabrón, hasta al final
supo emocionarnos".
Quiero dejar más justo el mundo
y encontrar en el final el descanso
de una vida de lucha y de disfrute
y un corazón desgastado y vetusto.
Quiero haber amado por todas mis vidas,
haber hecho sentir y sentido
vivir y no arrepentirme de no haberme atrevido
a jugármela y equivocarme sin medida.
Cuando muera no quiero
misas ni entierros.
Quiero cariño,
Un buen pedo y recuerdos.
Y si a alguien le duele,
lo agradezco.
Pero disfrútame en vida.
No quiero besos muertos.
por dany | Abr 18, 2019 | Versos
Aquí les dejo una de las poesías que perpetré en el Acto Poético del día 12 en Las Bulas. Poesías surgidas en conversaciones soñadas con musas… Que les guste
Otra vez
Te suelto un «Te quiero»
a bocajarro otra vez.
Ya sé que debería soltar
estas cosas a gotitas…
Pero esta olla a presión
que tengo por cerebro
rebosa, se expresa y pita
y no tiene filtro ni medida.
Me encanta cuando dices «para»,
y cuando paro dices
«en el fondo,
estoy deseando que sigas».
Me encanta que digas
«en el fondo»,
cuando yo te siento así,
a flor de piel.
Me siento buceando
en tus deseos,
como si conociera
tus aguas más profundas.
Me dices que eso es trampa.
Pero tú eres la trampa,
y me encanta caer.
«Para, maldito poeta.
Me vas a hacer perder
la cordura otra vez».
Paro, por tu salud.
Paro, porque es tarde,
porque no te quiero
comprometer…
Pero suéñame
de nuevo mañana.
Y no te preocupes.
No me busques.
Te encontraré
y te soltaré a bocajarro
«Te quiero» otra vez.