Aquí les dejo un cuento en formato de ruina, para que lo construyan cuando quieran
Ruinas
A este paseo no se llevó a nadie, porque no sabía cuándo volvería, ni el camino a seguir. Ni siquiera tenía claras las fuerzas que tenía para emprender ese viaje. Simplemente se dejó llevar.
A ratos el camino le resultaba familiar, no en vano había salido desde zona conocida. Los primeros compases fueron cómodos y a buen ritmo. Pronto dejó la parte reconocible del camino y se vio ante la coyuntura de seguir por terreno inexplorado o volver al territorio que ya controlaba, repasar pasos ya pisados y encontrarse con los lugares bonitos que le ofrecían sus pasajes cotidianos.
Aun así, una fuerza interior le empujó por la senda peligrosa. Ante la duda de estar preparado para el viaje, fue dejando alguna marca por si se perdía en el camino.
A medida que se adentró más en el camino desconocido, el ambiente se fue haciendo más escabroso y triste. Costaba creer que esa ruta, cercana a zonas luminosas y rebosantes de vida, tuviera un aspecto tan lúgubre y desangelado. Poco a poco el recorrido fue haciéndose más estrecho, los zigzags escondían más oscuridad tras cada recodo, y lo que antes era curiosidad por algo nuevo empezaba a ser angustia por lo que pudiera encontrarse.
Tras una de las curvas del camino, la angostura dio paso a un claro enorme, donde se apilaban montones de bloques de lo que antes pareció ser una fortaleza. En diversas zonas se agrupaban enormes estructuras semiderruídas, algunas con cierta forma aun de lo que anteriormente pudo ser un fortín indestructible. A la vista del presente, no parecía tal. Se asemejaba más a un vestigio de épocas antiguas por el que sentir compasión, dado el estado de destrucción y abandono, más que respeto por lo imponente de la antigua fortificación.
Ante el destrozo observado, la primera reacción fue abandonar ese triste reducto del pasado. Pero, a la vista que era algo que le tocaba más de cerca de lo que creía (era un lugar muy próximo a sus lugares comunes) se imaginó reconstruyendo el antiguo edificio.
Tras las dudas iniciales, pronto se decidió a convertirlo en un recuerdo de triunfos pasados, y como gesto de que las ruinas bien podían servir como cimientos de un nuevo esplendor.
Dudó si pedir a alguien que le ayudara en su empeño. En principio desechó la idea. Quizá las antiguas ruinas no eran dignas de atravesar ese camino tortuoso, pero la nueva edificación que planeaba crear sería algo digno de mostrar.
A partir de entonces, regularmente se desviaba de sus rutas comunes para atravesar el camino tenebroso que conducía a sus ruinas. Poco a poco fue aclarando zonas y levantando antiguos muros. A veces pensaba en dejarlos opacos, sin huecos, para que no hubiera posibilidad de ataque o daño interno. Pero cuando levantaba demasiado los tabiques le agobiaba la cerrazón, la desconexión con el exterior, y siempre dejaba algún resquicio por el que se colara el aire.
Con el tiempo fue tomando forma una nueva fortaleza. No parecía tan imponente como lo pudiera ser la pasada, pero tenía cierto aspecto de firmeza y seguridad. Cuando se vio preparado, incluso permitió que alguna compañía le ayudara a continuar la construcción. Siempre fue reacio a confiar su secreto, así que permitía a los foráneos, por más confianza que tuvieran, acceder con cuentagotas y sin saber muy bien cómo llegar hasta allí.
Según llegaba el fin de su construcción, recorría los senderos zigzagueantes y tenebrosos como guiado por una luz interior. Ya no le asustaba cruzar esos caminos angostos. Había una meta que cumplir, una obra por culminar.
Cuando la fortaleza estuvo lista, se sintió orgulloso en secreto. Tenía un aspecto robusto, era agradable a la vista, quizá algo parca en detalles, pero resistente y con aspecto de funcionar bien como cobijo para quien se acercara.
Se vio en la tesitura de cualquier creador ante su obra: ¿Guardarla para sí mismo, a salvo de miradas furtivas, críticas feroces y posibles ataques, y así disfrutarla en soledad? ¿O enseñarla al mundo, exponer su creación para el disfrute de todos, y enorgullecerse por haber hecho algo grande de una ruina? Ambas decisiones le daban miedo. Quienes le habían ayudado tenían derecho a ver la creación terminada, y quizá a personas desconocidas podría gustarles lo creado. Pero el sentimiento de posesión y orgullo interno eran difíciles de compartir. Casi le daba más vergüenza ahora compartir su fuerte, que mostrar las antiguas ruinas.
Es lo que tiene adentrarse en tu interior más oscuro. El camino hasta allí es difícil y tortuoso. Tus ruinas no te parecen dignas de ser mostradas. El trabajo para reconstruirlas es duro, y hasta la forja de tu fuerte te da vergüenza. Solo puedes esperar que haya quien te ayude a reconstruir, que te veas con fuerza para rehacer lo que se destruyó, aunque pareciera indestructible, y que decidas si quieres enseñar al mundo tu fortaleza.

Escrito en San José, Almería, el 30 de julio de 2018.
Mi nombre es Daniel López y soy el autor de Letropilatorio. Aquí encontrarás relatos, cuentos y poemas recogidos en mi blog, así como mis últimos trabajos publicados. ¡Gracias por leerme!
La fortaleza está construyéndose y muchas piedras has portado amigo!
Como restauradora, te diría que….lo mostrases!