El cofre del hombre muerto
Hoy he recordado estas letras guardadas bajo llave… Espero que les guste.
El cofre del hombre muerto.
He leído un escrito de Roy Galán donde, entre otras reflexiones, como siempre muy bien escritas, dice que «la decepción es un crujido tenue del alma. Es algo que tiene que ver con desvelar una realidad gris sobre otra existencia y otro cuerpo. Es comprobar que no te querían como tú quieres. O que no te querían en absoluto. La decepción a veces lleva a que nos cerremos, a que dejemos de ser las personas que éramos por miedo a que nos vuelvan a herir».
Me ha hecho pensar. Alerta destripe: El cofre del hombre muerto encerraba un corazón latente. No faltaba más, que un monstruo tuviera que encerrar su corazón para que no se lo apuñalaran.
Es una buena forma de proteger tu corazón del daño que puede sufrir. Lo malo es que “el corazón es como los zapatos, si los dejas en la caja por miedo a estropearlos, cuando te los quieres poner te aprietan porque se te han quedado pequeños”.
A veces pienso que estaría bien guardar tu corazón en un cofre y mostrarlo solo en las ocasiones que lo requiere, para no exponerte a dañarlo. Ya lo decía Robe, “nunca llevo el corazón encima, por si me lo quitan”.
Pero no es así, y puedes elegir entre no mostrarlo nunca y arriesgarte a que se quede pequeño… o exponerlo a quien se acerque con el riesgo de que lo dañen, lo apuñalen o peor, que se lo queden.
Cuando vuelcas el amor o el cariño en alguien suele darse la circunstancia de que no sabes cómo lo recibirá. Puede aceptarlo o rechazarlo sin más, puede acariciarlo y mimarlo con el cuidado de quien tiene un valioso tesoro entre manos, o puede maltratarlo y utilizarlo a su antojo sin darse cuenta del daño que puede hacer, incluso sin mala intención.
Además de la buena intención, a alguien que recibe un regalo tan valioso como un corazón se le presupone una elección adecuada por parte del entregador del regalo y un cuidado sobre el corazón entregado.
Tristemente, demasiado frecuentemente ofrecemos un regalo tan valioso sin ser buenos eligiendo a quien recibe tan preciado regalo. Quizá sería mejor mostrarlo dentro de su preceptiva protección de costillas y piel, para ofrecerlo sin arriesgarse a que lo dañen o sin exponernos a quedarnos sin él.
Con demasiada frecuencia, también, se propone, al modo de la canción de Extremoduro, “ábreme el pecho y registra”. Siempre que la escucho y oigo eso de “Y no es nada comparado con el doler que le da a mi alma tu mirada y no poder evitar que hoy me vuelvo a sentir como una foto en la pared” me recuerda lo fácil que es regalar un corazón y lo que cuesta recuperarlo, lo que duele andar sin corazón por ahí y lo difícil que es recomponerlo. Tengo que encontrar un buen cofre.

Mi nombre es Daniel López y soy el autor de Letropilatorio. Aquí encontrarás relatos, cuentos y poemas recogidos en mi blog, así como mis últimos trabajos publicados. ¡Gracias por leerme!